Me cago de calor.
Me asfixio
y trato de escapar de mi ropa.
De alguna manera lo logro
y entonces intento escapar
de mi piel.
Es imposible, lo sé,
como muchas cosas
(como tus dientes, tus manos, tus abrazos,
como hacerte el amor debajo de un tsunami).
Es imposible y entonces
empiezo a sudar.
Sudo y no puedo escapar de mi sudor.
Entonces me inundo
y solo me atrevo a tirarme al piso
vencido,
mirando al sol con un pensamiento inútil rondando mi cabeza:
¿de qué tamaño serán tus pezones?
lunes, 12 de enero de 2009
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