lunes, 14 de septiembre de 2009

Los anzuelos

Chorrillos ciudad heroica,

fortaleza de los pescadores.

 

El viento juega con las cometas

que juegan con los niños

y con los que creen haber sido alguna vez niños.

 

Pero el malecón es para todos

y yo me transformo en suciedad.

Suciedad

para corromperme,

para escalar los árboles,

matorrales indefinidos.

 

Recoge frutas secas

que te hacen fuerte

y a la vez débil.

 

Que te hacen toser

y ahí están las cometas

a cinco soles.

Cometas en forma de pájaro.

 

Como todo lo que envejece,

en forma de pájaro.

 

Chorrillos,

templo de las gaviotas.

 

Hay hombres viejos

legañas en los ojos

 

y su vista que se apoya siempre

en los simétricos tableros de ajedrez.

Pero el malecón es para todos

y la inercia me lleva a deslizarme

hasta toparme con la Herradura.

 

Se refugia el ceviche

y el mercado que destina gargantas

a las heroicas victimas del mar.

 

Mi visión se corta con la playa sucia

y el muelle:

 

cuatro amplias dimensiones de sal

para amar a los anzuelos

y a los heroicos peces

que muerden

los anzuelos.

 

A ellos les dedico mis entrañas,

mis venas,

mi colapso.

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