Chorrillos ciudad heroica,
fortaleza de los pescadores.
El viento juega con las cometas
que juegan con los niños
y con los que creen haber sido alguna vez niños.
Pero el malecón es para todos
y yo me transformo en suciedad.
Suciedad
para corromperme,
para escalar los árboles,
matorrales indefinidos.
Recoge frutas secas
que te hacen fuerte
y a la vez débil.
Que te hacen toser
y ahí están las cometas
a cinco soles.
Cometas en forma de pájaro.
Como todo lo que envejece,
en forma de pájaro.
Chorrillos,
templo de las gaviotas.
Hay hombres viejos
legañas en los ojos
y su vista que se apoya siempre
en los simétricos tableros de ajedrez.
Pero el malecón es para todos
y la inercia me lleva a deslizarme
hasta toparme con la Herradura.
Se refugia el ceviche
y el mercado que destina gargantas
a las heroicas victimas del mar.
Mi visión se corta con la playa sucia
y el muelle:
cuatro amplias dimensiones de sal
para amar a los anzuelos
y a los heroicos peces
que muerden
los anzuelos.
A ellos les dedico mis entrañas,
mis venas,
mi colapso.
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