martes, 26 de octubre de 2010

El tiempo es eso

El tiempo es eso que tejes con tus manos,

no la red purpúrea de acertijos

que solemos acumular en la cabeza.

El tiempo es eso que diseñamos cuando nos quedamos callados,

no las olas del mar

que hacen lo que quieren

caprichosamente,

como si no hubiera movimiento allá afuera.

Estos días han sido raros:

la gente ya no mira a los costados al cruzar la pista,

los perros andan cabizbajos,

las nubes no dejan de bostezar.

Debe ser el cambio climático

o quizás

el asco de algún Dios bipolar

que no sabe si alimentarnos o dejarnos agonizar.

El tiempo es eso que siempre te olvidas sobre la mesa,

eso que no has podido nombrar.

Es esa angustia que sentimos al parpadear,

porque nunca sabemos si al volver a abrir los ojos

el entorno será el mismo.

Como las ratas

Es raro

acomodarme a la forma de la humedad en el aire,

como una carretera sin carros,

sin rostro ni hambre.


No hay nada mejor que la paranoia que me vuelve loco – pensé

y me fui a zambullir al piso.

Ser escurridizo como las ratas,

silencioso,

para que en esta y otra vida

tu nombre siempre sea solo un susurro

que no tiene sonido ni gramática.

Como una carretera sin carros.

Malabares con el clima

Me voy a derretir

para formar una sustancia más decente,

más estructurada.

El tiempo es un caracol que se niega a apurarse,

él sabe bien que la parsimonia es el don más preciado del ser.

No comprendo la relación entre arriba y abajo.

Querida Lima,

había estado extrañando tus escenarios extraños,

tus calles obtusas y personajes exóticos,

tus malabares con el clima,

tu maldito cielo gris que adormece.

Voy a arrugar la realidad como plastilina,

jugar con las pestañas del tiempo

porque somos curiosos artrópodos de denominación equis

y yo a veces,

olvido cuál es la relación ente arriba y abajo.

Voy a arrugar la realidad como plastilina

y es que no sé si está bien

este crucigrama ortopédico de mi cerebro.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Congestión nasal

El hombre es demasiado débil frente a las enfermedades,

un resfriado común me va a matar.

Los animales salvajes son fuertes y recios,

nosotros somos animales de ciudad

contaminados por virus y bacterias

y bocinas y semáforos y pastillas,

Alergical LP

descongestióname la nariz por favor

que ya no aguanto más.

No puedo creer que mi bienestar dependa de una pastilla

y su Pseudoefedrina, su Loratadina,

Dios de las tragedias,

dicen que la muerte se toma vía oral.

Antibióticos que ganan concursos de belleza

de las más refinadas reputaciones,

ofrendas para la jaqueca.

Los humanos somos muy débiles,

ya estamos muy fragilizados,

hemos debido aprender de las ratas

a ser inmunes, a ser escurridizos.

Naproxeno Sódico,

intérnate en las paredes de mi estómago y has magia,

químico asqueroso que sabe de oratoria,

achórate con todos tus artilugios,

cura por favor mi congestión nasal que me estoy volviendo loco.


La industria farmacéutica debe ser millonaria

y es que ellos mismos nos debilitan

con sus fórmulas cada vez más potentes,

Cloruro de Decaulinio 0.25 mg,

Benzocaína 10 mg,

demasiado atorrante

como el primer rayo de luz de la mañana.

Te lo grite cien veces Señor de los Milagros

pero la procesión cantaba más fuerte

con sus tambores y trompetas.

Los humanos hemos debido aprender de las ratas

a ser inmunes, a ser escurridizos.

martes, 14 de septiembre de 2010

Cualquier chorrillano

Cualquier chorrillano que se haya sentado en el malecón a ver el mar debe haber notado cómo en los dás soleados la zona de los botecitos se llena de chispas brillantes. Chispas que parpadean mientras el sol va bajando. Cada barquito está ondulando en su sitio, pero siempre guarda la misma distancia con los que lo rodean. Es cómo un átomo donde cada electrón sabe mantener la distancia adecuada frente al otro y, asimismo, frente al núcleo. Cada barca, entonces, sabe a qué distancia estar de cada una de ellas, es como si no se quisieran juntar demasiado por pudor, pero a la vez no se quisieran alejar demasiado por miedo a estar solas. El mar es muy grande y eso lo aprendieron desde su nacimiento en manos de pescadores. Qué viva Chorrillos y su pesca, pero que en cada pez capturado, el pescador pida perdón por remover un pedazo de la naturaleza, por quitar una vida. Hay que aprender que siempre hay un código moral que se debe seguir, incluso cuando se mata.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Bella Holandesa

Reírnos de la geografía que se queda muy estática,
nosotros viajamos en tren como sacos,
como ganado,
por eso somos ágiles y astutos.

Solo hay una regla: siempre viajar hacia el Este.

Entonces tienes el viento a tu favor
y las mujeres se vuelven cada vez mas bellas,

panorámica vista que tienta a mis ojos a convertirse en lunares
quiero almorzar pero no tengo plata para todo.

La comida me llena,
la chela me llena y además me emborracha:

mejor gastar mi plata en chela y matar dos pájaros de un tiro.

Pero a veces los pájaros se logran escapar,
tengo el viento a mi favor y no me voy a detener,

Madrid nos ha engatusado mucho y es hora de sacarle la vuelta,

vamos a Paris a darle un beso a la tumba de Vallejo,
a chupar en los puentes mientras la gente toca guitarra,
caminar por las calles
y ser testigos de cómo nuestra billetera se va poniendo flaca.

Pero nada tan peligroso como Amsterdam,
me cago de miedo de seguir viento luces rojas,
vitrinas de mamacitas en 3D que me llaman con la mirada,
ayúdame Dios de los borrachos,
ayúdame que tengo la plata en el bolsillo,
una cerveza en la mano
y estoy a punto de perderme detrás de esa cortina
sin mirar atrás.

Rojo como el vino, rojo como la menstruación de Afrodita,
rojo como mis ojos en Amsterdam,
Coffe Shops que nos van comiendo el cerebro como algodón dulce.

De Amsterdam nos tenemos que quitar corriendo
antes de que nuestro cuerpo termine siendo arrastrado por el agua de los canales,
convirtiéndose después en aceite de bicicleta que avanza a toda velocidad,
responde a las luces de semáforos y acapara toda la ciudad.

Solo hay una regla:
Siempre viajar hacia el Este.

(Yo quiero una como las de la caja de leche Bella Holandesa)

Croacia

Croacia va a quedar en mi cabeza como la tierra fantasma,
tierra donde nunca llegué ni me fui,
Mar Adriático que relame mis heridas.

Tengo los pies llenos de tajos y además diarrea,
qué cague de risa los obstáculos que me ponen estas tierras orgullosas.

Pero no se puede viajar en buenas condiciones
y eso yo lo he aprendido muy bien.

Corrupto viento caliente que me golpea,
en la playa se bañan muchas familias
pero nosotros viajamos en otro tipo de manada
y no tenemos pasado ni futuro
ni los pantalones bien puestos,
solo ganas de tragarnos la geografía del Este.

El día en que llegamos a la costa croata me salió un orzuelo,
debe haber sido por mirarle mucho el culo a las croatas,
casi perfectas obras de la naturaleza
cuya belleza no me atrevo si quiera a describir.

Los vientos del Este de Europa
me han acogido no sin antes ponerme acertijos
y preguntas capciosas
que van tostando mi cerebro,
crucigrama arquitectónico del viaje.

Pero el Mar Adriático es sabio y paciente
y sabrá lavar mis heridas
mientras intento caminar entre las piedras de la playa
en una inocente búsqueda de arena que nunca voy a encontrar
y hermosas mujeres del Este
que también les gusta mirar al mar,
silencioso Mar Adriático

tú que sabes de qué estamos hechos realmente,
tú que endureces la piel de los hombres y suavizas la de las mujeres,
dime con tu silencio
si esque de verdad estuve en Croacia,

extraña coordenada del mapa,
tierras que mis ojos han convertido ya en legañas.


jueves, 10 de junio de 2010

Recomendaciones para mi perra

Los humanos son una mierda, Nala, te recomiendo no confiar en ellos. Te pueden hablar bonito como si te quisieran (y seguramente sí te quieren) pero no se van a preocupar realmente por ti. Te recomiendo no confiar en ellos. Si no fuera por los humanos, no estarías sedada en este momento, no tendrías cortes en el cuerpo cocidos con pitas fosforescentes, no estarías esterilizada tras una morbosa operación en tus trompas de Falopio que ahora te produce cambios hormonales y depresiones, y sobre todo, no tendrías puesto ese estúpido collar isabelino que te hace sentir tan ridícula. Mi viejo es un conchudo, hace su reunión de cineastas cuando estás recién operada y te quiere botar al jardín mientras tanto. No se da cuenta de que los perros encerrados son como las personas encerradas: se empiezan a volver completamente locos. No se da cuenta de que sufres cuando te dejan afuera. Mi hermana llega a la casa y te habla como si fueras un bebe imbécil, luego se quita a hablar por teléfono estridentemente con su enamorado o a ver televisión sin importarle si estás pasando un mal momento. Mi vieja te tiene mucha empatía, no lo niego, pero ahora está trabajando en mierdas del cerebro y la psicología y no se va a ocupar de tu cerebro tan psicótico. Los humanos no son fieles como los lobos, Nala, te recomiendo no confiar en ellos. Y la verdad es que a veces me entristece mucho darme cuenta de que yo también pertenezco a ese extraño animal proveniente del mono que ahora está destruyendo su planeta y a todos los cohabitantes que están en él (incluyéndote, claro). Te prometo que yo sí me voy a preocupar por ti, te voy a limpiar las legañas de los ojos y hacer cariños en la panza para que te olvides del inmenso corte que tienes en ella. Se ve tan feo que me provoca llorar. Felizmente los perros no saben nada de la estética y, según dicen algunos, no botan lágrimas. Suerte la tuya, no sabes nada de la estética, ni de las guerras, ni del calentamiento global, ni de la pobreza, ni de las matemáticas, ni del fútbol, ni de la gramática, ni de la corrupción de los alcaldes, ni de el humo tóxico en nuestros pulmones, ni de la enfermedad, ni del Grupo Colina, ni del bien y el mal, ni de el caso sensacionalista de un holandés que mató a golpes a una peruana, ni de la fama, ni del olvido, ni del asco o la vergüenza, ni tienes un DNI que te convierte en un archivo del sistema, por no decir marioneta del Estado, suerte la tuya. Envidio tu inocencia. Pero tú solo me miras con tus ojos negros y pesados, que a veces me recuerdan que uno de estos días, voy a presenciar tu muerte. Voy a presenciar tu muerte, con lágrimas de bilis embarrándome los ojos, juego casi musical de mis pupilas. Es el ciclo de la vida y tú, felizmente, no eres consciente de eso. Te prometo que en otra vida te voy a llevar lejos de esta ratonera, nos vamos a ir al campo a ser libres como los mosquitos. Nos vamos a ir al campo y te prometo que ahí nadie te va a hacer ninguna cirugía y nunca más vas a tener que usar ese incómodo collar isabelino.

Acabo de recordar que te había recomendado no confiar en los humanos, debe ser por eso que no me crees lo que te prometo y te quedas tan callada, mirándome fijamente con tus ojos negros y pesados.

jueves, 29 de abril de 2010

El sparring

Escribir es más elegante,

más real, más sangriento

que todas esas mierdas.

Lanzarse a comenzar el poema

supongo que debe ser

como lanzarse a improvisar el rap,

como lanzarse a ponerse los guantes y encarar el sparring.

Tú sonabas con los sonidos de la calle,

con la anestesia de los ojos

que se inyecta con una aguja que no tiene punta

ni diámetro.

Me es difícil acordarme de tu cara

justamente porque es la que más me gusta.

Este tipo de paradojas no deja de incomodarme.

Es como cuando tienes ganas excesivas de pasar saliva

justamente porque tienes amigdalitis y no puedes.

Me es difícil acordarme de tu cara

(dadas las condiciones de mi vuelo)

justamente porque cuando la veo

me siento débil desde el estómago.

Pero como siempre lo he sabido

escribir es más elegante,

más volátil

que todas las demás mierdas.

Es como borrarte los lunares de la espalda

mientras va amaneciendo

y tú todavía no te das cuenta

de lo raros que somos los humanos.

jueves, 15 de abril de 2010

Viaje en micro

La ciudad parece hecha de aluminio.

Tengo un sabor a Redoxón en la garganta

producto de tanta estupidez.

He aprendido que en los micros hay que mirar siempre hacia la ventana,

por más sucia que esté.

El resto son puros dibujos.

Viejos necios con un mondadientes en la boca

esperando que la ciudad se recaliente cada vez más

para que todos esos chibolos lacrosos se calcinen de una vez por todas.

Estoy seguro de que el cobrador también tiene una perra metida en la cabeza,

una perra que no lo deja tranquilo,

yo no puedo ser el único.

Estoy seguro de que la paloma atropellada a dos cuadras de aquí

también tenía a otra paloma

revoloteando entre sus ideas.

Las plantas nos dan oxígeno

y la poesía

tan estúpida

estoy seguro

también nos da oxígeno

la poesía tan absurda.

He olfateado los rastros de lo que era mi orgullo

entre los basurales,

la vergüenza como una alfombra roja que se extiende por una larga avenida

llena de semáforos y clacksons,

paraderos donde no para nadie,

la risa de un loco que camina sin ropa a lo lejos,

y cada uno de esos infelices

con una muchacha que no les hace caso

dando vueltas en la cabeza.

Agárrese bien de la baranda

que no se puede confiar en nuestras piernas hechas de papel.

Viejos necios con un mondadientes en la boca,

estoy seguro de que ellos a veces también quisieran aplastar el mundo,

verlo escurrirse entre la palma de su mano.

El resto son puros dibujos:

asma en cada bronquio de los pasajeros,

la radio escupiendo una melodía pegajosa,

sueño,

paraderos donde ya no para nadie.

En el siguiente

me bajo yo.

lunes, 12 de abril de 2010

Cosas que no se quieren ver

Hay ron fluyendo en la sangre de mis venas. Pienso que el ron te saca la bestia interna. Y me da miedo tenerte cerca. Pero te juro que si alguien acerca su boca hacia tu boca yo le voy a sacar la concha de su madre y la verdad tu coqueta actitud no ayuda mucho. Yo se que no soy nadie, como todos sabemos, nadie es nadie, solo tú cuando me miras con ira. Pensé que yo era el bravo aquí, pero tu cara tan bella y a la vez tan molesta me intimida profundamente. Y exactamente quisiera hacerte entender que nada aquí existe, solo la música que te hace bailar. Te vi llorando. Te pedí disculpas y solo atiné a encorvarme como un animal indefenso. Hay cosas que no se pueden explicar, como la composición de tus lágrimas, la conchatumadre, me haces sentir como si tuviera cocaína en el cuerpo y me encuentro a punto de reventarle puñetes a la pared. Hay días así: días en los que nadie sale de su casa por miedo a la gente y la gente no sale de su cuerpo por miedo a la otra gente y son días en los que sé que la voy a cagar pero igual me gusta entrar en la boca del lobo simplemente como para probarme que no le tengo miedo a la muerte. Y la muerte es, como ya muchos sabemos, una broma de algún cómico que ni su madre conoce, pero tú has olvidado algunos términos que deben olvidarse, has olvidado la sutileza en tu hogar esta noche, y no quiero que nadie más te mire, que nadie más te toque. Qué mierda carajo, esta característica patética que adquirió el Homo Sapiens de querer todo para sí, sobre todo cuando se trata de las chicas. Remordimientos por las huevas, quizás. Pero mi perra también es celosa cuando le hago cariños a su cachorro, lo cual me hace pensar que no somos los únicos con esta maldición. En todo caso estoy condenado a resbalarme muchas veces, pues todo lo que me digas lo voy a creer (por más absurdo que suene). Así es la poesía, absurda. Se extiende y se contrae y escupe mi mente hacia tu nombre. Si un día me dijeras que no existo, te creería. Por el momento tú seguirás bailando y tu vestido, cuando giras, produce una ondulación que me recuerda a los grumos que se instalan en mi estómago. Hoy es sábado y las botellas empezarán a rodar, entonces espero que el amanecer me encuentre ebrio contra una vereda. Para ese entonces pasaré a ser un perro cojo en la calle que la gente prefiere no mirar porque desde chicos han escuchado que los ojos de este perro sigiloso reflejan algunas cosas que no se quieren ver.