jueves, 29 de abril de 2010

El sparring

Escribir es más elegante,

más real, más sangriento

que todas esas mierdas.

Lanzarse a comenzar el poema

supongo que debe ser

como lanzarse a improvisar el rap,

como lanzarse a ponerse los guantes y encarar el sparring.

Tú sonabas con los sonidos de la calle,

con la anestesia de los ojos

que se inyecta con una aguja que no tiene punta

ni diámetro.

Me es difícil acordarme de tu cara

justamente porque es la que más me gusta.

Este tipo de paradojas no deja de incomodarme.

Es como cuando tienes ganas excesivas de pasar saliva

justamente porque tienes amigdalitis y no puedes.

Me es difícil acordarme de tu cara

(dadas las condiciones de mi vuelo)

justamente porque cuando la veo

me siento débil desde el estómago.

Pero como siempre lo he sabido

escribir es más elegante,

más volátil

que todas las demás mierdas.

Es como borrarte los lunares de la espalda

mientras va amaneciendo

y tú todavía no te das cuenta

de lo raros que somos los humanos.

jueves, 15 de abril de 2010

Viaje en micro

La ciudad parece hecha de aluminio.

Tengo un sabor a Redoxón en la garganta

producto de tanta estupidez.

He aprendido que en los micros hay que mirar siempre hacia la ventana,

por más sucia que esté.

El resto son puros dibujos.

Viejos necios con un mondadientes en la boca

esperando que la ciudad se recaliente cada vez más

para que todos esos chibolos lacrosos se calcinen de una vez por todas.

Estoy seguro de que el cobrador también tiene una perra metida en la cabeza,

una perra que no lo deja tranquilo,

yo no puedo ser el único.

Estoy seguro de que la paloma atropellada a dos cuadras de aquí

también tenía a otra paloma

revoloteando entre sus ideas.

Las plantas nos dan oxígeno

y la poesía

tan estúpida

estoy seguro

también nos da oxígeno

la poesía tan absurda.

He olfateado los rastros de lo que era mi orgullo

entre los basurales,

la vergüenza como una alfombra roja que se extiende por una larga avenida

llena de semáforos y clacksons,

paraderos donde no para nadie,

la risa de un loco que camina sin ropa a lo lejos,

y cada uno de esos infelices

con una muchacha que no les hace caso

dando vueltas en la cabeza.

Agárrese bien de la baranda

que no se puede confiar en nuestras piernas hechas de papel.

Viejos necios con un mondadientes en la boca,

estoy seguro de que ellos a veces también quisieran aplastar el mundo,

verlo escurrirse entre la palma de su mano.

El resto son puros dibujos:

asma en cada bronquio de los pasajeros,

la radio escupiendo una melodía pegajosa,

sueño,

paraderos donde ya no para nadie.

En el siguiente

me bajo yo.

lunes, 12 de abril de 2010

Cosas que no se quieren ver

Hay ron fluyendo en la sangre de mis venas. Pienso que el ron te saca la bestia interna. Y me da miedo tenerte cerca. Pero te juro que si alguien acerca su boca hacia tu boca yo le voy a sacar la concha de su madre y la verdad tu coqueta actitud no ayuda mucho. Yo se que no soy nadie, como todos sabemos, nadie es nadie, solo tú cuando me miras con ira. Pensé que yo era el bravo aquí, pero tu cara tan bella y a la vez tan molesta me intimida profundamente. Y exactamente quisiera hacerte entender que nada aquí existe, solo la música que te hace bailar. Te vi llorando. Te pedí disculpas y solo atiné a encorvarme como un animal indefenso. Hay cosas que no se pueden explicar, como la composición de tus lágrimas, la conchatumadre, me haces sentir como si tuviera cocaína en el cuerpo y me encuentro a punto de reventarle puñetes a la pared. Hay días así: días en los que nadie sale de su casa por miedo a la gente y la gente no sale de su cuerpo por miedo a la otra gente y son días en los que sé que la voy a cagar pero igual me gusta entrar en la boca del lobo simplemente como para probarme que no le tengo miedo a la muerte. Y la muerte es, como ya muchos sabemos, una broma de algún cómico que ni su madre conoce, pero tú has olvidado algunos términos que deben olvidarse, has olvidado la sutileza en tu hogar esta noche, y no quiero que nadie más te mire, que nadie más te toque. Qué mierda carajo, esta característica patética que adquirió el Homo Sapiens de querer todo para sí, sobre todo cuando se trata de las chicas. Remordimientos por las huevas, quizás. Pero mi perra también es celosa cuando le hago cariños a su cachorro, lo cual me hace pensar que no somos los únicos con esta maldición. En todo caso estoy condenado a resbalarme muchas veces, pues todo lo que me digas lo voy a creer (por más absurdo que suene). Así es la poesía, absurda. Se extiende y se contrae y escupe mi mente hacia tu nombre. Si un día me dijeras que no existo, te creería. Por el momento tú seguirás bailando y tu vestido, cuando giras, produce una ondulación que me recuerda a los grumos que se instalan en mi estómago. Hoy es sábado y las botellas empezarán a rodar, entonces espero que el amanecer me encuentre ebrio contra una vereda. Para ese entonces pasaré a ser un perro cojo en la calle que la gente prefiere no mirar porque desde chicos han escuchado que los ojos de este perro sigiloso reflejan algunas cosas que no se quieren ver.