Hay ron fluyendo en la sangre de mis venas. Pienso que el ron te saca la bestia interna. Y me da miedo tenerte cerca. Pero te juro que si alguien acerca su boca hacia tu boca yo le voy a sacar la concha de su madre y la verdad tu coqueta actitud no ayuda mucho. Yo se que no soy nadie, como todos sabemos, nadie es nadie, solo tú cuando me miras con ira. Pensé que yo era el bravo aquí, pero tu cara tan bella y a la vez tan molesta me intimida profundamente. Y exactamente quisiera hacerte entender que nada aquí existe, solo la música que te hace bailar. Te vi llorando. Te pedí disculpas y solo atiné a encorvarme como un animal indefenso. Hay cosas que no se pueden explicar, como la composición de tus lágrimas, la conchatumadre, me haces sentir como si tuviera cocaína en el cuerpo y me encuentro a punto de reventarle puñetes a la pared. Hay días así: días en los que nadie sale de su casa por miedo a la gente y la gente no sale de su cuerpo por miedo a la otra gente y son días en los que sé que la voy a cagar pero igual me gusta entrar en la boca del lobo simplemente como para probarme que no le tengo miedo a la muerte. Y la muerte es, como ya muchos sabemos, una broma de algún cómico que ni su madre conoce, pero tú has olvidado algunos términos que deben olvidarse, has olvidado la sutileza en tu hogar esta noche, y no quiero que nadie más te mire, que nadie más te toque. Qué mierda carajo, esta característica patética que adquirió el Homo Sapiens de querer todo para sí, sobre todo cuando se trata de las chicas. Remordimientos por las huevas, quizás. Pero mi perra también es celosa cuando le hago cariños a su cachorro, lo cual me hace pensar que no somos los únicos con esta maldición. En todo caso estoy condenado a resbalarme muchas veces, pues todo lo que me digas lo voy a creer (por más absurdo que suene). Así es la poesía, absurda. Se extiende y se contrae y escupe mi mente hacia tu nombre. Si un día me dijeras que no existo, te creería. Por el momento tú seguirás bailando y tu vestido, cuando giras, produce una ondulación que me recuerda a los grumos que se instalan en mi estómago. Hoy es sábado y las botellas empezarán a rodar, entonces espero que el amanecer me encuentre ebrio contra una vereda. Para ese entonces pasaré a ser un perro cojo en la calle que la gente prefiere no mirar porque desde chicos han escuchado que los ojos de este perro sigiloso reflejan algunas cosas que no se quieren ver.
lunes, 12 de abril de 2010
Cosas que no se quieren ver
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1 comentario:
estos dias he tenido tanta rabia, y no he tomado nada ni otra cosa extraña, anque al comienzo me apeticio el ron que nombraste
Saludos quien seas :)
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