jueves, 10 de junio de 2010

Recomendaciones para mi perra

Los humanos son una mierda, Nala, te recomiendo no confiar en ellos. Te pueden hablar bonito como si te quisieran (y seguramente sí te quieren) pero no se van a preocupar realmente por ti. Te recomiendo no confiar en ellos. Si no fuera por los humanos, no estarías sedada en este momento, no tendrías cortes en el cuerpo cocidos con pitas fosforescentes, no estarías esterilizada tras una morbosa operación en tus trompas de Falopio que ahora te produce cambios hormonales y depresiones, y sobre todo, no tendrías puesto ese estúpido collar isabelino que te hace sentir tan ridícula. Mi viejo es un conchudo, hace su reunión de cineastas cuando estás recién operada y te quiere botar al jardín mientras tanto. No se da cuenta de que los perros encerrados son como las personas encerradas: se empiezan a volver completamente locos. No se da cuenta de que sufres cuando te dejan afuera. Mi hermana llega a la casa y te habla como si fueras un bebe imbécil, luego se quita a hablar por teléfono estridentemente con su enamorado o a ver televisión sin importarle si estás pasando un mal momento. Mi vieja te tiene mucha empatía, no lo niego, pero ahora está trabajando en mierdas del cerebro y la psicología y no se va a ocupar de tu cerebro tan psicótico. Los humanos no son fieles como los lobos, Nala, te recomiendo no confiar en ellos. Y la verdad es que a veces me entristece mucho darme cuenta de que yo también pertenezco a ese extraño animal proveniente del mono que ahora está destruyendo su planeta y a todos los cohabitantes que están en él (incluyéndote, claro). Te prometo que yo sí me voy a preocupar por ti, te voy a limpiar las legañas de los ojos y hacer cariños en la panza para que te olvides del inmenso corte que tienes en ella. Se ve tan feo que me provoca llorar. Felizmente los perros no saben nada de la estética y, según dicen algunos, no botan lágrimas. Suerte la tuya, no sabes nada de la estética, ni de las guerras, ni del calentamiento global, ni de la pobreza, ni de las matemáticas, ni del fútbol, ni de la gramática, ni de la corrupción de los alcaldes, ni de el humo tóxico en nuestros pulmones, ni de la enfermedad, ni del Grupo Colina, ni del bien y el mal, ni de el caso sensacionalista de un holandés que mató a golpes a una peruana, ni de la fama, ni del olvido, ni del asco o la vergüenza, ni tienes un DNI que te convierte en un archivo del sistema, por no decir marioneta del Estado, suerte la tuya. Envidio tu inocencia. Pero tú solo me miras con tus ojos negros y pesados, que a veces me recuerdan que uno de estos días, voy a presenciar tu muerte. Voy a presenciar tu muerte, con lágrimas de bilis embarrándome los ojos, juego casi musical de mis pupilas. Es el ciclo de la vida y tú, felizmente, no eres consciente de eso. Te prometo que en otra vida te voy a llevar lejos de esta ratonera, nos vamos a ir al campo a ser libres como los mosquitos. Nos vamos a ir al campo y te prometo que ahí nadie te va a hacer ninguna cirugía y nunca más vas a tener que usar ese incómodo collar isabelino.

Acabo de recordar que te había recomendado no confiar en los humanos, debe ser por eso que no me crees lo que te prometo y te quedas tan callada, mirándome fijamente con tus ojos negros y pesados.