martes, 14 de septiembre de 2010

Cualquier chorrillano

Cualquier chorrillano que se haya sentado en el malecón a ver el mar debe haber notado cómo en los dás soleados la zona de los botecitos se llena de chispas brillantes. Chispas que parpadean mientras el sol va bajando. Cada barquito está ondulando en su sitio, pero siempre guarda la misma distancia con los que lo rodean. Es cómo un átomo donde cada electrón sabe mantener la distancia adecuada frente al otro y, asimismo, frente al núcleo. Cada barca, entonces, sabe a qué distancia estar de cada una de ellas, es como si no se quisieran juntar demasiado por pudor, pero a la vez no se quisieran alejar demasiado por miedo a estar solas. El mar es muy grande y eso lo aprendieron desde su nacimiento en manos de pescadores. Qué viva Chorrillos y su pesca, pero que en cada pez capturado, el pescador pida perdón por remover un pedazo de la naturaleza, por quitar una vida. Hay que aprender que siempre hay un código moral que se debe seguir, incluso cuando se mata.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Bella Holandesa

Reírnos de la geografía que se queda muy estática,
nosotros viajamos en tren como sacos,
como ganado,
por eso somos ágiles y astutos.

Solo hay una regla: siempre viajar hacia el Este.

Entonces tienes el viento a tu favor
y las mujeres se vuelven cada vez mas bellas,

panorámica vista que tienta a mis ojos a convertirse en lunares
quiero almorzar pero no tengo plata para todo.

La comida me llena,
la chela me llena y además me emborracha:

mejor gastar mi plata en chela y matar dos pájaros de un tiro.

Pero a veces los pájaros se logran escapar,
tengo el viento a mi favor y no me voy a detener,

Madrid nos ha engatusado mucho y es hora de sacarle la vuelta,

vamos a Paris a darle un beso a la tumba de Vallejo,
a chupar en los puentes mientras la gente toca guitarra,
caminar por las calles
y ser testigos de cómo nuestra billetera se va poniendo flaca.

Pero nada tan peligroso como Amsterdam,
me cago de miedo de seguir viento luces rojas,
vitrinas de mamacitas en 3D que me llaman con la mirada,
ayúdame Dios de los borrachos,
ayúdame que tengo la plata en el bolsillo,
una cerveza en la mano
y estoy a punto de perderme detrás de esa cortina
sin mirar atrás.

Rojo como el vino, rojo como la menstruación de Afrodita,
rojo como mis ojos en Amsterdam,
Coffe Shops que nos van comiendo el cerebro como algodón dulce.

De Amsterdam nos tenemos que quitar corriendo
antes de que nuestro cuerpo termine siendo arrastrado por el agua de los canales,
convirtiéndose después en aceite de bicicleta que avanza a toda velocidad,
responde a las luces de semáforos y acapara toda la ciudad.

Solo hay una regla:
Siempre viajar hacia el Este.

(Yo quiero una como las de la caja de leche Bella Holandesa)

Croacia

Croacia va a quedar en mi cabeza como la tierra fantasma,
tierra donde nunca llegué ni me fui,
Mar Adriático que relame mis heridas.

Tengo los pies llenos de tajos y además diarrea,
qué cague de risa los obstáculos que me ponen estas tierras orgullosas.

Pero no se puede viajar en buenas condiciones
y eso yo lo he aprendido muy bien.

Corrupto viento caliente que me golpea,
en la playa se bañan muchas familias
pero nosotros viajamos en otro tipo de manada
y no tenemos pasado ni futuro
ni los pantalones bien puestos,
solo ganas de tragarnos la geografía del Este.

El día en que llegamos a la costa croata me salió un orzuelo,
debe haber sido por mirarle mucho el culo a las croatas,
casi perfectas obras de la naturaleza
cuya belleza no me atrevo si quiera a describir.

Los vientos del Este de Europa
me han acogido no sin antes ponerme acertijos
y preguntas capciosas
que van tostando mi cerebro,
crucigrama arquitectónico del viaje.

Pero el Mar Adriático es sabio y paciente
y sabrá lavar mis heridas
mientras intento caminar entre las piedras de la playa
en una inocente búsqueda de arena que nunca voy a encontrar
y hermosas mujeres del Este
que también les gusta mirar al mar,
silencioso Mar Adriático

tú que sabes de qué estamos hechos realmente,
tú que endureces la piel de los hombres y suavizas la de las mujeres,
dime con tu silencio
si esque de verdad estuve en Croacia,

extraña coordenada del mapa,
tierras que mis ojos han convertido ya en legañas.