lunes, 6 de septiembre de 2010

Bella Holandesa

Reírnos de la geografía que se queda muy estática,
nosotros viajamos en tren como sacos,
como ganado,
por eso somos ágiles y astutos.

Solo hay una regla: siempre viajar hacia el Este.

Entonces tienes el viento a tu favor
y las mujeres se vuelven cada vez mas bellas,

panorámica vista que tienta a mis ojos a convertirse en lunares
quiero almorzar pero no tengo plata para todo.

La comida me llena,
la chela me llena y además me emborracha:

mejor gastar mi plata en chela y matar dos pájaros de un tiro.

Pero a veces los pájaros se logran escapar,
tengo el viento a mi favor y no me voy a detener,

Madrid nos ha engatusado mucho y es hora de sacarle la vuelta,

vamos a Paris a darle un beso a la tumba de Vallejo,
a chupar en los puentes mientras la gente toca guitarra,
caminar por las calles
y ser testigos de cómo nuestra billetera se va poniendo flaca.

Pero nada tan peligroso como Amsterdam,
me cago de miedo de seguir viento luces rojas,
vitrinas de mamacitas en 3D que me llaman con la mirada,
ayúdame Dios de los borrachos,
ayúdame que tengo la plata en el bolsillo,
una cerveza en la mano
y estoy a punto de perderme detrás de esa cortina
sin mirar atrás.

Rojo como el vino, rojo como la menstruación de Afrodita,
rojo como mis ojos en Amsterdam,
Coffe Shops que nos van comiendo el cerebro como algodón dulce.

De Amsterdam nos tenemos que quitar corriendo
antes de que nuestro cuerpo termine siendo arrastrado por el agua de los canales,
convirtiéndose después en aceite de bicicleta que avanza a toda velocidad,
responde a las luces de semáforos y acapara toda la ciudad.

Solo hay una regla:
Siempre viajar hacia el Este.

(Yo quiero una como las de la caja de leche Bella Holandesa)

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