tierra donde nunca llegué ni me fui,
Mar Adriático que relame mis heridas.
Tengo los pies llenos de tajos y además diarrea,
qué cague de risa los obstáculos que me ponen estas tierras orgullosas.
Pero no se puede viajar en buenas condiciones
y eso yo lo he aprendido muy bien.
Corrupto viento caliente que me golpea,
en la playa se bañan muchas familias
pero nosotros viajamos en otro tipo de manada
y no tenemos pasado ni futuro
ni los pantalones bien puestos,
solo ganas de tragarnos la geografía del Este.
El día en que llegamos a la costa croata me salió un orzuelo,
debe haber sido por mirarle mucho el culo a las croatas,
casi perfectas obras de la naturaleza
cuya belleza no me atrevo si quiera a describir.
Los vientos del Este de Europa
me han acogido no sin antes ponerme acertijos
y preguntas capciosas
que van tostando mi cerebro,
crucigrama arquitectónico del viaje.
Pero el Mar Adriático es sabio y paciente
y sabrá lavar mis heridas
mientras intento caminar entre las piedras de la playa
en una inocente búsqueda de arena que nunca voy a encontrar
y hermosas mujeres del Este
que también les gusta mirar al mar,
silencioso Mar Adriático
tú que sabes de qué estamos hechos realmente,
tú que endureces la piel de los hombres y suavizas la de las mujeres,
dime con tu silencio
si esque de verdad estuve en Croacia,
extraña coordenada del mapa,
tierras que mis ojos han convertido ya en legañas.
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