martes, 14 de septiembre de 2010

Cualquier chorrillano

Cualquier chorrillano que se haya sentado en el malecón a ver el mar debe haber notado cómo en los dás soleados la zona de los botecitos se llena de chispas brillantes. Chispas que parpadean mientras el sol va bajando. Cada barquito está ondulando en su sitio, pero siempre guarda la misma distancia con los que lo rodean. Es cómo un átomo donde cada electrón sabe mantener la distancia adecuada frente al otro y, asimismo, frente al núcleo. Cada barca, entonces, sabe a qué distancia estar de cada una de ellas, es como si no se quisieran juntar demasiado por pudor, pero a la vez no se quisieran alejar demasiado por miedo a estar solas. El mar es muy grande y eso lo aprendieron desde su nacimiento en manos de pescadores. Qué viva Chorrillos y su pesca, pero que en cada pez capturado, el pescador pida perdón por remover un pedazo de la naturaleza, por quitar una vida. Hay que aprender que siempre hay un código moral que se debe seguir, incluso cuando se mata.

No hay comentarios: